Pienso constantemente en el hogar: en cómo nos atrapa, nos persigue y nos engulle cada vez que nos alejamos de él; en cómo es imposible escapar cuando regresamos. Pienso en él en cada avión que he cogido, en todas las habitaciones que he alquilado y en los abrazos que no nos hemos dado a tiempo. Leviatán habla del hogar, de su ausencia y de su permanencia; de las calles en las que nos hemos tirado a comer pipas y beber cerveza, de mis amigas y de sus hijos: los que ya corretean por estas mismas esquinas y los que todavía están por llegar.
Me he mudado más veces de las que desearía contar. He vivido en México, he sobrevivido a Barcelona y he habitado unos meses en Londres. Cuando llegó la pandemia, volví a Sanlúcar. Leviatán es un documento autobiográfico, un archivo familiar y un diario cotidiano; el recuerdo de todos los paseos al atardecer por la orilla del Guadalquivir sin saber muy bien qué hacer al día siguiente. Es una pregunta abierta, aunque habrá quien encuentre en esta bestia una respuesta.
¿Qué es el hogar? En un tiempo en el que nos vemos empujados a ocupar lugares que no escogemos, miro los juguetes de mi hermano Santi y se me ocurre robarle uno sin que se entere, solo para que me acompañe siempre en el fondo de los sofás en los que terminaré durmiendo la siesta. El hogar nos condiciona a pesar de no haberlo elegido: nos viene dado y, a veces, nos es arrebatado. Frente a costumbrismos importados o representaciones folclóricas complacientes, este ensayo visual sobre Sanlúcar de Barrameda opera como un testimonio colectivo y de memoria íntima sobre el lugar donde nací, crecí, del que me marché y al que siempre regreso.
Nacido tras una serie de aproximaciones formales y experimentos desde 2022, el proyecto culmina su primera gran etapa —la toma fotográfica— durante el caluroso verano de 2026, tras volver a instalarme durante los meses estivales en casa de mi madre Rosalía. Aquí la fotografía analógica en color opera como eje vertebrador: a través del revelado manual y el positivado artesanal en laboratorio, busco recuperar la plasticidad y la densidad táctil que aprendí en mi formación temprana como pintor al óleo, devolviéndole a la imagen fotográfica su peso de materia tangible.
Copias cromogénicas a color, 20x25cm.